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Personajes Ilustres

Como hemos visto, las condiciones de vida en la región, a excepción de la de la nobleza acaudalada y del clero, eran precarias, por ello, a partir de la Edad Moderna y hasta el siglo XX se produjo una emigración masiva de gentes que salían de nuestra comunidad en busca de fortuna. Las Indias de América fue un destino frecuente, por lo que a estos emigrantes se les conoció con el nombre de indianos, quienes en algunas ocasiones desempeñaban una importante acción benefactora cuando regresaban a su tierra natal. Es el caso de muchos de los cayoneses que aquí se relacionan, otros se mencionan porque destacaron en sus campos profesionales, quedando su labor como testimonio de su recuerdo:

 

 

Pedro Manuel Cobo Bustamante

Nació en Esles de Cayón el 2 de agosto de 1844, siendo bautizado en la Parroquia de San Cipriano de dicha localidad al día siguiente de su nacimiento. Su infancia transcurrió plácidamente en este pueblo y sus primeras letras las aprendió en la escuela de Llerana de Saro a la que acudían los pocos niños que podían asistir, ya que la mayoría tenía que trabajar en el campo para poder subsistir. A la edad de trece años embarcó en el puerto de Santander rumbo a La Habana (foto). Una vez allí, desempeñó diversos trabajos, desde barrendero de un local, hasta propietario de su propio negocio, que, con el paso de los años, se expandiría por Europa y Estados Unidos, llegando a reunir por su causa una notable fortuna.

Regresó a España en el año 1885 a la edad de cuarenta y un años y contrajo matrimonio con doña Laura Isidora Abascal Cobo. Al año siguiente, el matrimonio trasladó su domicilio a Santander, lugar donde continuaría con sus negocios y donde nacerían sus hijos. El 22 de septiembre de 1899, según consta en el Registro Mercantil de Santander, fundó con otros socios el Banco Mercantil. En su localidad realizó varias obras para la mejora de la calidad de vida de los vecinos y vecinas. Y así, sufragó todos los gastos de exhumación de restos del antiguo cementerio, situado junto a la parroquia, así como los requeridos por la inhumación en la nueva ubicación, a la que aportó un terreno de su propiedad. Asimismo, financió, junto con el señor Montero, las obras de reconstrucción de la iglesia parroquial de Esles, razón por la cual ambos disponen de sendas placas conmemorativas.

Uno de sus proyectos más soñados lo llevó a cabo en 1926, cuando adquirió unos terrenos para construir las escuelas de Esles de Cayón, que además dejó listas para su inmediata utilización al dotarlas de todo el material escolar preciso. El 27 de febrero de 1930, respondiendo a la petición realizada por el alcalde, don Higinio Gómez Rapado y el secretario don Vicente Ramos Santos, fue colocado un reloj en la torre del recientemente construido Ayuntamiento de Santa María de Cayón, cuya adquisición y colocación él mismo costeó. El 20 de septiembre de 1928 el pleno de la corporación acordó solicitar para su persona la concesión de la cruz de Alfonso XII y el 2 de noviembre de 1929, en sesión plenaria, la Corporación Municipal le nombró Hijo Predilecto del Real Valle de Cayón. Finalmente, el 17 de marzo de 1930, a la edad de ochenta y cinco años, Pedro Manuel murió en su domicilio de la calle Gómez Oreña, siendo enterrado en el cementerio de Esles de Cayón junto a su esposa, previamente fallecida.


 

Juan Sixto García de la Prada

Nació en La Penilla de Cayón el 18 de julio de 1735. Fue hijo de don Manuel García y Gutiérrez, natural de La Cueva, y de doña Sebastiana María Ruiz y Prada, de La Penilla de Cayón. Sucedió a su tío, don Juan Bautista Ruiz de la Prada, en los negocios de éste, manejándolos con tal acierto que consiguió aumentarlos notablemente tanto por lo que respecta al número de actividades como al capital circulante. En 175 fue regidor del Valle de Cayón y en 1776 Procurador Síndico  Regional.

Más tarde, el remio de Lienzos le designó para que le representara y formara parte de la Junta que dirigiría las empresas de la Casa Diputada de los Cinco Gremios Mayores de Madrid. Destacó igualmente en las finanzas durante los años 1779, 1780 y 1781, en los que desempeñó funciones de vocal en dicha Junta, por lo que fue elegido en 1782 Secretario Contador. La buena gestión de don Juan Sixto García de la Prada y sus compañeros en la Junta de Gobierno de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, marca el período más próspero de la historia de estas corporaciones. Este servicio mereció que Carlos III, en 1785, entregase a la entidad en agradecimiento a su trabajo, varios asuntos y fábricas de importancia, según consta en la Certificación de las Reales Órdenes y Resoluciones de S.M. Años después, en 1794, Carlos IV condecoró a don Juan Sixto García de la Prada con la Cruz de Carlos III, quien le dio el señorío sobre el término de Camporreal.

Don Juan Sixto García de la Prada también se ocupó de las necesidades de los más desfavorecidos, prueba de ello fue su actuación para remediar los daños ocasionados por el incendio que se desarrolló en la noche del 16 de agosto de 1770 en la Plaza Mayor de Madrid, cuando entregó el mayor de los donativos que se recibió al efecto: veinte mil reales. Igualmente, en el Valle de Cayón también llevó a cabo acciones de ayuda en épocas de escasez, como ocurrió en 1788 en La Penilla, cuando socorrió a los vecinos proporcionándoles el grano que necesitaban para mantenerse. 

 

 

Eusebio Gómez García y Justina Berdia López

Eusebio Gómez nació en La Abadilla el 19 de marzo de 1888 y falleció en Santander el 2 de marzo de 1975. A los 14 años, después de cursar estudios primarios y comerciales, partió hacia Méjico al encuentro de su hermano mayor, Higinio, junto al cual comenzó a trabajar. Años después, durante la revolución mejicana de 1913, se les confiscó la fábrica de confección que poseían en común en la ciudad de Chuhuacha. Fueron años difíciles para don Eusebio Gómez, aunque pasados los vaivenes de la guerra civil, se estableció por su cuenta poniendo en funcionamiento una factoría de harinas y aceites vegetales en Morelia (Michoacán). Este negocio prosperó hasta convertirse en la principal fuente de ingresos para muchos de los agricultores de la comarca. Invirtió las ganancias en fincas urbanas, que le proporcionaron grandes beneficios.

En 1923 retornó al Valle de Cayón, donde conoció a Justina Berdia López, profesora de Educación General Básica y de piano, con la que contrajo matrimonio en 1924. En 1935 se retiró de sus negocios en Méjico, aunque permaneció durante varios años en aquella nación al lado de los suyos hasta que, en 1946, retornó definitivamente a Cantabria. De acuerdo con su esposa, decidió, en 1963, erigir el templo parroquial de Sarón con todos los servicios precisos: casa parroquial, salón de catequesis, sala de conferencias, sonorización, órgano, ornamentos, etc., siendo consagrado en 1966. Don Eusebio ofreció su ayuda habitualmente a la parroquia de la Asunción en Santander, a la obra de San Martín, a Cáritas Diocesana, al Asilo de San Cándido y al Hogar Santa Lucía, entre otras instituciones benéficas.

Fue premiado con la Medalla de Plata al Mérito Provincial, el 28 de marzo de 1966 y la Santa Sede le nombró, en 1974 Caballero de la Orden de San Silvestre Papa en agradecimiento a todas las obras benéficas que realizó durante su vida. El Ayuntamiento de Santa María de Cayón, en reconocimiento a sus acciones, ha dado el nombre de Don Eusebio Gómez García y de Doña Justina Berdia López a dos avenidas adyacentes de su casco urbano. Además, el matrimonio Gómez-Berdia, siempre preocupado por el desarrollo y la promoción cultural de su tierra, dejó una fundación en beneficio del pueblo (FUNDEGO).

 

 

Fernando González-Camino y Aguirre

Militar e historiador montañés. Nació en Esles en 1905 y murió en Madrid en 1973. Como militar tuvo una carrera extraordinariamente brillante: a los dieciséis años ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, a los veinte se graduó teniente y a los veintiséis ya era capitán diplomado de Estado Mayor. Durante la Guerra Civil fue jefe de operaciones en la defensa del sitio de Oviedo y, más tarde, jefe de Estado Mayor de la Sexta Brigada de Navarra y de la División 63. Era ingeniero industrial, aunque después de la guerra ejerció como profesor de la Escuela de Estado Mayor y agregado militar en la Embajada Española de Washington, además de desempeñar otros muy variados cargos entre los que caben citar el de capitán General de Zaragoza y jefe de Estado Mayor Central del Ejército.

Como historiador publicó Las Asturias de Santillana en 1404 (1930), La escultura funeraria de la Montaña (1934) y Las reales fábricas de artillería de Liérganes y La Cavada (1972). También fue autor de numerosos artículos y monografías, entre los que destacan: “Bibliotecas medievales montañesas”, en Homenaje a don Miguel Artigas (1932) y “Castillos y fortalezas de Santander” en La Revista de Santander (1930). Fue miembro del Centro de Estudios Montañeses y consejero de número de La Institución Cultural de Cantabria.

 

 

 

 

Francisco González-Camino y Aguirre

Nació en Esles de Cayón en 1899, y murió trágicamente durante la guerra civil, fusilado en Bilbao, a principios de 1937. Con él se perdió uno de los mejores estudiosos de la historia regional de Cantabria. Durante la Dictadura de Primo de Rivera se adhirió a la Unión Patriótica Montañesa, siendo diputado provincial en 1924 y 1925 por el distrito de Santander. Fue vicepresidente de la Diputación Provincial, cargo al que renunció en 1924.

Fue fundador y primer secretario del Centro de Estudios Montañeses. A pesar de su corta vida, publicó numerosos estudios de historia regional, sólo en La Revista de Santander aparecieron en tres años (1930-1933) dieciséis extensos y documentados artículos, entre los que destacamos: “Santander durante la guerra de la Independencia”, “Relaciones entre el Ayuntamiento de Santander y la Cofradía de Mareantes de San Martín de la Mar durante los siglos XV y XVI” y “La estancia en Santander de la Legión Auxiliar Británica”. En la revista Altamira (1945-1946) apareció un extenso artículo titulado: “Las juntas de Puente San Miguel de 1779 a 1815”. En 1934 fue coautor, junto con E. Ortiz de la Torre, el marqués de Saltillo y Fernando González-Camino y Aguirre, de la obra La escultura funeraria de La Montaña.

 

 

 

Juan Antonio Gutiérrez de la Concha y Mazón

Nació el 3 de octubre de 1760 en Esles de Cayón. De su matrimonio con doña Petra Irigoyen de Quintana nacieron cuatro hijos, de los que dos, Manuel y José, llegarían a los más altos puestos militares y serían honrados con los marquesados del Duero y de La Habana, respectivamente. A los quince años ejerció como cadete en Cartagena y dos años después, a los 17, llegó a ser alférez de fragata. Mostró su valor en varias batallas, como en el bombardeo de la plaza de Argel en 1783, pero su misión más importante la realizó alrededor del mundo en la expedición científica encabezada por el capitán Malaspina y don José Bustamante y Guerra a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida.

En 1802 regresó a España para preparar la  edición del Curso de Matemáticas de Gabriel de Císcar y poco después, ya en América, tras la victoria sobre los ingleses, fue nombrado gobernador e intendente de la provincia del Tucumán en Córdoba, en el Virreinato de Argentina. No obstante, aún hubo nuevos enfrentamientos con los británicos por el dominio de estas regiones que acabaron con una nueva derrota del ejército inglés y que le valió a Gutiérrez de La Concha el ascenso a brigadier de marina. Sucesos independentistas acaecidos el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, le obligaron a retirarse junto a don Santiago de Liniers al Alto Perú (Bolivia), donde, traicionados por los guías, fueron capturados por tropas enviadas por la Junta Gubernativa. Condenados a muerte, fueron fusilados el 26 de agosto en la Pampa del Monte de los Papagayos y sus cadáveres fueron sepultados en secreto bajo la palabra Clamor, formada por las iniciales de sus apellidos. Desde 1864 sus restos reposan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

 

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Toribio Hernández de Lloreda

Nació en San Román de Cayón. Sirvió de Joven en casa de un caballero de Burgos, pasando después al servicio de la Corte donde se le nombró Hombre de a Caballo del Rey. Se asentó más tarde con el conde de Monterrey, luego Virrey de Nuevo Méjico, lugar al que lo acompañaría. Desde Méjico partió a la guerra de Filipinas como capitán de infantería. Allí murió peleando contra los ingleses desde la nao Capitana (foto). Como testigos de su muerte declararon Toribio de la Hossa, clérigo de Santocilde y San Román de Cayón y su compañero de escuela, Lope de Castañeda.

Testó el 22 de diciembre del año 1600 legando una manda para el hospital de españoles de Manila y otra para el de los nativos. Fundó una capellanía en la iglesia de Santocilde, en San Román de Cayón, a la que donó 330 pesos para los gastos de la iglesia y 200 para la capilla. Dejó además 100 ducados para que se construyera un humilladero en Peña Alseda, 200 ducados para que el capellán se hiciera una casa junto a la iglesia con espacio para una escuela y terreno para que jugaran los niños; asimismo, donó 30 ducados para contratar a un maestro.

 

 

 

José Antonio de la Pedreguera y Obregón

Nació en Santa María de Cayón en 1768. Emigró a Méjico donde fue coronel de las milicias provinciales de Jalapa, en Puebla de los Ángeles. Alcanzó el grado de teniente coronel de Infantería de Córdoba y Jalapa. Testó el 23 de Marzo de 1795 ante Ignacio José Justiciaño. Su hijo, José Manuel de la Pedreguera Morales, nació en Jalapa, fue guardia de Corps, caballero de Alcántara y heroico defensor de Madrid. Asimismo, llegó a desempeñar el cargo de Consejero de Estado.

 

 

 

Ramón Pereda Saro

Nació en Esles de Cayón en 1903. Con tan solo trece años emigró a Méjico, país que pronto abandonó para trasladarse a California, donde, a finales de los años veinte, se convirtió en un galán cinematográfico, interviniendo en muchos de las por entonces usuales y famosas, aunque de escaso éxito, versiones dobles que se rodaban en Hollywood. Así, en los años treinta realizaría Cascarrabias, El dios del mar, Amor audaz y Carne de cabaret. Posteriormente se desplazó a México y Cuba, donde realizó y produjo sus propias películas, proyectándose en 1930 en el Teatro Pereda un gran éxito El cuerpo del delito.
 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Antonio Pérez de Soñanes

Nació en La Abadilla en el año 1741. En 1778 se fue a Méjico donde fue corregidor de Moravatio (foto), Xacona y Zamura, así como teniente alcalde de Estaquaco. Cuando ya regresaba a España, al hacer escala en Cuba, oyó hablar de un fracasado intento de encontrar minas de plata en un lugar de Méjico que él conocía. Volvió a México en su búsqueda y dio con los yacimientos que, en pocos años, le proporcionaron una de las mayores fortunas Nueva España. En 1793 Carlos IV le concedió el título de Conde de Contramina.
 

 

 

 

 

 

 

María Saro Alonso

Aunque nació en Guarnizo, ha residido en La Abadilla de Cayón la mayor parte de su vida. Estudió Enfermería a distancia en la Facultad de Medicina de Valladolid, profesión que desempeñó en los dos frentes durante la Guerra Civil Española. Sin embargo, su verdadera vocación eran las letras y en 1975 publicó su primer libro de versos titulado La Braña. Ha recitado sus poemas en la casa de Granada en Madrid, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el Ateneo de Santander y en la Casa Cervantes de Valladolid. En el año 1978 recibió un premio de poesía de la sociedad santanderina, Amigos del Arte.
 
Fue preseleccionada en la nominación a los cinco mejores poetas españoles por el jurado calificador de la UNESCO, organización con la que colabora en la antología Brisas poéticas modernas. Asimismo es Doctora Honoraria de Literatura de la Academia Mundial Moderna y Miembro Titular Académico del Centro Cultural Literario y Artístico Agustín García Alonso de Aranguren, Vizcaya. En el año 2000 publicó su segunda obra, Bajo un cielo gris, libro de poemas en el que el Valle de Cayón y sus gentes son retratados con gran fuerza expresiva

 

 

 

 

 

Marcial Solana y González Camino

Nació en Esles el 7 de octubre de 1880 y murió el 16 de octubre de 1958. Destacado polígrafo, estudió Filosofía y Letras y Derecho en la recién fundada Universidad de Deusto. Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén (o de Malta), intervino en la vida pública representando a la provincia de Santander en las Cortes de la legislatura de 1916 y fue alcalde del Ayuntamiento de Villaescusa en la primera década del siglo. Fue durante veinte años presidente y siempre miembro del Centro de Estudios Montañeses. Por su entrega a la ciencia obtuvo el Premio Echegaray de la Asociación para el Progreso en 1940 y el Premio del Conde de Torreanaz, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1928. Su incansable actividad literaria se pone de manifiesto en los temas teológicos, sociales, políticos, de historia montañesa o biográficos por él tratados.

Algunas de sus obras más conocidas son: La resistencia a la tiranía, según la doctrina de los tratadistas del Siglo de Oro español…(1933), Estudios sobre el Concilio de Trento en su cuarto centenario, Valor teológico de la tradición, Un abad santanderino en el Concilio de Trento (1946), Historia de la Filosofía española. Época del Renacimiento (siglo XVI) (1940-41), obra premiada por la Asociación para el Progreso de las Ciencias con el “Premio Echegaray”, Balmes y La Montaña (1949), El Arzobispo don Joaquín de Santiyán, según sus cartas íntimas (1932), y un largo etcétera. A su muerte legó todos sus bienes al Obispado de Santander, para que sirviera de redotación de una Obra Pía de Sufragios por él establecida en vida. La Biblioteca del Real Seminario de Santa Catalina del Monte Corbán ha dedicado una sala especial a los selectos libros de la biblioteca de Marcial Solana, como homenaje a este polígrafo montañés.

 

 

 

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